Pensar en las musarañas.
A menudo, cuando realizamos alguna tarea monótona o nos abandonamos al mullido tacto de un sillón y no centramos la atención en una tarea compleja o novedosa, comenzamos a divagar, a soñar despiertos. Es de suponer que en estas condiciones distintas regiones del cerebro se activarán para dar lugar a tales experiencias, y esto es precisamente lo que están estudiando desde hace algunos años varios grupos de investigación con suficiente presupuesto como parar poder dedicarse a estos menesteres (qué suerte la suya).
Hace unos meses apareció un trabajo en el que se analizaba qué áreas del cerebro podrían estar involucradas en la generación de las divagaciones. Se sabe que hay un conjunto de áreas que se encuentran activas cuando un sujeto está en reposo (los autores la llaman default network, que no me he atrevido a traducir). A esas condiciones basales los investigadores las llamaron pensamiento independiente de estímulo.
El trabajo consistió en que varios voluntarios se enfrentaron a tres situaciones diferentes: 1) situación de relajación (o estado basal); 2) realización una tarea monótona (se repetía la misma tarea durante 4 días consecutivos); 3) realización de esa misma tarea pero incluyendo aspectos novedosos de forma que los sujetos tuviesen que prestar más atención a la realización de la prueba.
Los voluntarios afirmaron haber tenido más pensamientos independientes de estímulo en el estado basal, después durante la realización de la prueba monótona y por último en la prueba que incluía aspectos novedosos. Hasta aquí todo lo que era de esperar.
A continuación (el quinto día) los voluntarios realizaron las mismas tareas y se observó su actividad cerebral mediante resonancia magnética funcional. Se vio que las áreas más activadas durante el estado basal y durante la tarea monótona reducían su actividad cuando se sometía a los pacientes a la prueba que incluía aspectos novedosos y, además, la activación de esas áreas correlacionaba de forma directa con los pensamientos independientes de estímulo que decían haber tenido los participantes. Entre esas áreas se encontraban la corteza cingulada anterior, algunas áreas de la corteza prefrontal que controlan el movimiento de los ojos y diversas regiones de la corteza visual y algunas del lóbulo temporal.
En otro trabajo aún más reciente se ha estudiado la actividad de estas mismas áreas en monos anestesiados y se ha visto que también están activas, por lo que estos estados podrían no ser únicos de los humanos (ni siquiera de primates, se atreven a sugerir los autores). El problema es que el trabajo se ha llevado a cabo en monos anestesiados, pero no hay que olvidar que algunas de las áreas que parecen estar implicadas en estos pensamientos independientes de estímulo se encuentran muy activas durante el sueño REM (ej: corteza cingulada o las áreas que controlan los movimientos de los ojos).
Los autores, por tanto, relacionan la actividad de estas áreas con las divagaciones, pero también consideran que esta conclusión puede no ser cierta. Algunas de las áreas activadas (corteza prefrontal o cingulada anterior) están implicadas en la conciencia de uno mismo (el estado interno del individuo), por tanto, es posible que lo que realmente estén midiendo sea que los individuos son conscientes de que divagan, más que la propensión de estos a divagar. Una prueba a favor de esta sugerencia es que habitualmente los individuos no son conscientes de que están divagando, por tanto, no siempre son fiables sus testimonios al respecto.
Y, por último, ¿para qué podrían servir estas divagaciones? Hay varias hipótesis al respecto. Los autores del artículo en monos sugieren que podría ser un mecanismo para afianzar las sinapsis formadas (¿aprendizaje por repetición de lo ya hecho o por proyección en el futuro de algunos de nuestros actos?), función que también se ha propuesto para el sueño REM. Otra hipótesis es que las divagaciones mantienen un nivel de alerta óptimo, facilitando la realización de tareas monótonas. Es posible, también que se trate de un mecanismo para dividir la atención y poder así coordinar tareas mentales simulatáneas. Y una opción que también se plantean los investigadores es que aunque la mente, cuando divaga, produce a veces pensamientos que son útiles, esto no prueba que la mente divague porque esos pensamientos sean adaptativos. Por el contrario, la mente podría divagar simplemente porque puede.














